Por ser un camaleón, Mambo, cada vez es de un color y se pregunta cuál es su color verdadero. Como las personas, que nos comportamos de forma diferente según el momento. No siempre estamos alegres, ni siempre estamos tristes; no siempre pensamos rápido, pero tampoco siempre lento. A veces lo damos todo, y otras veces no...y lo cierto es que nosotros somos todo eso y más, y nos queremos así. Porque la persona que ves cuando te miras al espejo, te va a acompañar toda la vida.
Eso es lo que le pasó a Mambo, todos los colores eran suyos. Por eso te cuento la historia.
Puedes ver el cuento pulsando en el dibujo de abajo (si lo abres desde el ordenador, puedes incluso pasar las hojas)
Ha terminado el verano, y empieza de nuevo el colegio, volvemos a nuestros trabajos, compartimos buenos momentos, y también desacuerdos. Y tratamos de defendernos o nos culpamos. En realidad, por lo que yo he podido comprobar, nuestro mejor recurso para afrontar esos momentos son un PAR DE BUENAS OREJAS PARA ESCUCHAR, a los demás o a nosotros mism@s; entonces todo se vuelve más amable, y por qué no, más claro. Comprendes distintos puntos de vista y se completa tu visión.
Sito es nuevo en el pueblo y lo único que se
sabe de él es que siempre camina con la sonrisa puesta. Mira al cielo y el
cielo lo mira, escucha a los pájaros, al viento, a los insectos y ellos a él. Y
Sito sigue sonriendo. ¿Dónde está el truco?
— Buenos
días, Amalia.
— buenos
días, usted siempre tan feliz — Y ella se contagia de su alegría.
— Pero es
raro ese hombre, quizá esté un poco loco…
— O a lo
mejor le ha tocado la lotería y no lo quiere decir — Bromean en corrillo.
Hasta sus compañeros de viaje: el sol, la
lluvia, el viento… sienten curiosidad y deciden jugar a un juego.
—Y si consigo que deje de sonreír ¿Qué me
daréis a cambio?
— Pero
eso no vale — le rechista la lluvia al viento —tienes que averiguar por qué
sonríe.
— El que
lo consiga, podrá quedarse una semana; ese será el premio — sentencia la
tormenta que nunca se queda demasiado por aquellos lugares.
— Yo seré
el primero y así os ahorro trabajo — dice el sol seguro de sí mismo.
Y
el sol se le acerca, baja hasta colocarse a la altura de sus ojos y empieza a
centellear, quizá si lo molesta un poco…
— Gracias
sol, por tu caricia- es todo cuanto le dice.
El astro, avergonzado, se enciende en naranja
y se va ocultando. Las nubes se ponen por delante.
— Déjanos
intentarlo a nosotras.
Van
cubriendo el cielo, cambian sus colores esponjosos por un gris casi negro y el viento
y el trueno las ayudan.
— Sito,
vaya día se está poniendo. Mejor refugiarse en casa ¿no? — comenta Amalia que
ya va de regreso.
— ¿Y
perderme el espectáculo? Por nada del mundo— responde tranquilo y sigue
caminando dejándose empujar por el viento — un, dos, tres ¡trueno!Uno, dos, ¡trueno! — va contando; ahora aún sonríe más.
— ¡Quitaos
de en medio, esto es un asunto hecho a mi medida! —Dice la lluvia.
Y mientras cae, Sito suelta carcajadas y
salta sobre los charcos. Parece un niño ¿Será un niño disfrazado?
— Quizá
las moscas podáis hacer algo más. Le gusto
demasiado— se rinde la lluvia.
“zummmmmmm”—
tratan de incordiar las moscas.
— Vaya,
vaya, pícaros bichitos ¿tenéis hambre? — Sito abre un dulce que saca de su
bolsillo y deja unas migas para que las moscas se acerquen.Las observa con curiosidad, y luego sigue su
camino mientras ellas revolotean sobre el pastel.
Reunidos todos, deciden:
— Lo
mejor será que le preguntemos directamente el secreto de su felicidad.
— Mis
queridos amigos, el secreto de mi felicidad sois vosotros. La única manera de
arrancármela sería si desaparecieseis.
Este dibujo ha
sido realizado la pintora Isa Mantero. Ella tiene esa capacidad de traspasar lo
físico y alcanzar aquello que no es tangible. Podéis llamarlo el alma o el
espíritu de las cosas; No se puede tocar, pero el pintor, la pintora en este caso,
lo acaricia y entonces, se abre como una flor entre sus dedos y exhala un aroma
que nos envuelve.
Ahora, el sol
nos deslumbra al mirar los ojos entrecerrados de la joven modelo y se nos tensa
la sonrisa, tratando de mantener los nuestros abiertos ante el raudal de
luz.La brisa juega con nuestros
cabellos en un espacio libre, tal vez la playa ¿puede ser, Isa? Y quizá nos
llegue el sonido monótono de las olas a nuestra espalda, en una mañana de
verano cualquiera. Y es que al mirarnos así, la joven, directo al centro de
nosotros mismos, nos convertimos en parte de ella por un momento.
Los matices de las sombras adquieren color,
sonido y movimiento; la piel se sonroja bajo los pómulos, y el cabello brilla,
en este bello dibujo.
Es la magia
del arte, que lleva impresos los cinco sentidos y nos permite viajar a través
de la piel, del tiempo y del espacio.
Gracias por compartir tus obras, querida amiga, un gran abrazo.